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23/7/09

Lo descargué y lo compré


Ilegal era la palabra que acompañaba a las descargas de internet cada vez que eran mencionadas en algún discurso emitido por las disqueras musicales. La amenaza que representaba el intercambio de archivos obligó a fomentar la compra de discos originales en tiendas establecidas, olvidándose del rápido crecimiento que la red ya tenía, la cual con su desarrollo permitió que fueran los artistas quienes tomaran “las riendas de su carrera”.

Pero el discurso ha cambiado, ahora son las mismas discográficas las que suben su catálogo musical a tiendas virtuales, las cuales mantienen un crecimiento anual considerable en todo el mundo, donde, por un módico costo, pueden ser descargadas en minutos, lo que facilita la tarea de estar al pendiente de los éxitos más recientes de los artistas.

Erase una vez…

Todo comenzó con la llegada del MP3, un formato de audio que permitió el intercambio de archivos por su ligero tamaño y, con ello, se crearon las colecciones musicales más grandes con artistas pasados o recientes de los diversos géneros, lo que orilló a las empresas discográficas a demandar a los encargados de la distribución musical gratuita.

Iván, usuario asiduo a las descargas de archivos, dice “Me acuerdo que para mí el acceso a internet era lejano, pero mis primos me contaban cómo se bajaba la música rápido por el tamaño tan pequeño de la canción, comparada con una que viene en el disco y la guardas en la computadora” en lo que recuerda de lo que escuchaba sobre “Napster”, el primer programa de transferencia de archivos musicales gratuito.

Así, el ejemplo de “Napster” puede ser el de mayor relevancia del miedo de las disqueras por la música digital, pues, por primera vez, muchas empresas se unieron en defensa de los derechos de autor y de sus ganancias, llevando al creador de este servicio, Shawn Fanning, a un juicio donde, en 2001 se ordenó el cierre de sus servidores y el pago de una multa de más 24 millones de dólares a las empresas afectadas.

Como anécdota en este capitulo de la historia queda cuando el baterista de “Metallica”, Lars Ulrich, aceptó que descargó el disco de su banda sin costo por medio de “Napster”, siendo él uno de los principales personajes en contra del intercambio gratuito de música.

Pero este proceso consiguió aumentar los usuarios asiduos al intercambio musical, pues mientras cerraban “Napster”, el crecimiento de otros programas como “Limewire, Kazaa, Ares o Emule” era significativo. La estrategia de las disqueras debía transformarse.

Dispuestos a hacer todo lo posible por defender sus ganancias, los grandes negocios musicales plantearon nuevas formas de “marketing”, pues además de grabar un disco de 12 canciones, el diseño artístico del “box set” (diseño de la caja y el CD) o incluir un DVD del artista son detalles que dan mayor valor al disco y atraen a los consumidores. Así lo manifiesta Ivonne quien, próxima a cumplir 18 años, es seguidora de artistas como “Enrique Bunbury” o “Los Fabulosos Cadillacs”: “Compro discos porque es padre tener el afiche de la caja, el librito con las canciones, incluso el arte que lo compone. En conjunto todo forma parte de la colección porque o es mi género predilecto o es mi artista favorito.”

Imagen: Asociación Cultural Alifa

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